domingo, 4 de septiembre de 2011



Queridos padres,

ya, ya lo sé, no tengo perdón de Dios (ni de vosotros). Ayer no supisteis de mi por razones obvias (me fui a tomar un algo y me lié, como el día aquel que el tío Juan se prejubilaba y yo andaba, ya sabéis, con unas amigas y al final llegué por los pelos, vaya día aquel). Pues lo de ayer, tres cuartas de lo mismo. Así que me toca resumir, en una entrada, dos días que hemos pasado por aquí.

El primero fue, lejano queda ya, el viernes. Volvimos a hacer una de las nuestras, esto es, quedarnos durmiendo hasta las 12:30, récord de los campeonatos. Se escucharon ronquidos y todos. "Alberto, tienes hambre?" "un poco". "Y si te digo que la comida puede ser gratis?" "Mejor". "Venga, pues vamos al hospitality de Nike. (perdón, padres, el hospitality es una salita en la que se come y se bebe gratis, y hay mogollón de atletas). Y para allá que fuimos. Eso sí, en taxi, que aunque no queramos pagar por comer, somos gente digna. Allí nos encontramos a una de las atletas de 1500m, "Chiquis, cómo me alegra veros, estaba súper aburrida". Comemos con ella y nos lleva de tiendas "chiquis, a ver si encontramos algo de Hello Kitty para mi niña". De Hello Kitty hay tiendas enteras, pero feas, feas como para no regalar nunca nada de eso a nadie. Aún así, pica con algo y se lo compra. Como quiera que se nos va haciendo tarde, ella se va a una excursión y nosotros decidimos dar un voltio por las callejuelas, que viene a ser como un rastro pero con todo caríííísimo (como aquel día que fuimos a Ceuta y nos engañaron con la cámara de vídeo).

Poco después, al Estadio. Aquí no ha pasado gran cosa, ha sido una de las jornadas más aburridas, de no ser porque ha corrido de nuevo Bolt (el negro ese rápido) y esta vez sí que se ha clasificado para la final de los 200metros (que es correr la mitad de la vuelta, que también son vagos, hay medio estadio que no le ve pasar cerca). Pero a él le ha dado lo mismo, porque se ha clasificado sobrado y sin problemas. Después, como ya os podéis imaginar, nos hemos venido hacia el barrio para continuar con nuestra dieta coreana: helado del Baskin Robbins y a dormir, que al día siguiente son los 50km marcha.

Sábado, 8 de la mañana. Alberto y yo no sabemos si despertarnos o no para lo de la radio. Aquí no llama nadie. "Alberto, no van a llamar, que es viernes". "No fastidies". Pues sí, aquí no llama nadie. "Venga, vámonos de marcha". Concretamente, a los 50km, en la que hay 3 españoles. Pero antes, a correr un poco con Rafa Vega (que ya se ha quedado solo, sus compis están fuera y se han convertido en nuestros amiguetes), y rodaje suave de unos 40 minutos. Total, yo esta tarde compito (ya os contaré). Al acabar nos vamos a ver a los "marchosos", pero los españoles van muy mal. Mikel Odriozola y García Bragado han terminado descalificados (en la marcha te descalifican por levantar los pies del suelo, bueno, los dos a la vez, a ver cómo me explico, por correr en vez de andar…) y a José Ignacio Díaz, que iba tocado, muy tocado de isquiotibiales (de la parte de atrás del muslo, vamos) y ha tenido que pararse.

Y luego hemos ido al Estadio. Había una carrera para periodistas, pero no nos han dejado participar con micrófono, papel o libreta, según cada cual, detrás del atleta de turno. Se trataba de correr dos vueltas a la pista (una despacio, la otra un poco más rápida) y en la que nos separaban en grupos de 10 o 12. A mi me ha tocado correr a las 15:40, y a Alberto a las 16:00. Yo he quedado el 1º de mi serie y me han entrevistado. He aprovechado para saludar, pero no sé si me habéis escuchado, aunque la megafonía del estadio es buena. Alberto lo ha pasado un poco peor porque había unos tipos muy buenos en su serie, pero aún así lo hemos pasado muy bien, no os creáis. Luego, lo mejor de todo, nos han regalado una camiseta de adidas y lo que más ilusión nos ha hecho: un vale para comer gratis en el restaurante de prensa (que hemos amortizado con creces, muchísimas creces). En la carrera no hemos quedado los primeros, pero en el buffet hemos batido récord del mundo de platos.

Tras eso, la jornada. Un carrerón de Usain Bolt (el de los párrafos de arriba) que ha ganado sin despeinarse (porque tiene el pelo muy rizado y muy negro). Hoy ha molado porque nos han estado viendo por cámara desde lejos lejos, y creo que les ha hecho gracia, gracia ;-) . Y después nos hemos ido a cenar al sitio del atún rojo, para celebrar que esto se acaba. Después hemos dicho de tomar algo en un karaoke. Aquí son unas cabinas para tú y tus colegas, pantalón de plasma, te ponen cervezas, fruta y de todo… y a elegir canción y a cantar!!!! bueno, pues… se ha liado. Pero liado parda, porque, de los 5 que estábamos, al principio no quería nadie lo de tomar la alternativa, hasta que yo me he estrenado por Raphael con "I just called to say I Love you" (la de Stevie Wonder, el de si bebes no conduzcas). Lo de después, para el recuerdo. "The Killers", "Queen", de todo…. imaginaos…. bueno, que nos han acabado dando las mil (casi, las 3 de la mañana) y nos hemos reído muchísimo. Me hubiera gustado que estuvierais aquí para reíros (y cantar, como la tía Matilde cuando se pone pedo en las bodas) un poquito.

Esto está a punto de terminar (la entrada, el campeonato, todo), y en un par de días cogemos un avión a España. Tengo ganas de veros.

Un abrazo de vuestro hijo, que os quiere mucho pero que canta fatal (no se puede tener todo).

PD - Lo de la tía Matilde, todos sabíamos que no era por el anís, que ella se arranca "por naturales" a la primera de cambio.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Queridos padres,

ya va quedando menos campeonato, y parece que fue ayer cuando nos vinimos a tierras coreanas, pero la cosa sigue, sigue y sigue que es un no parar. Voy recuperando el humor a medida que veo más cercano el vuelo de vuelta, para qué negarlo, y tampoco lo estamos pasando tan mal, así que vamos a darle un último arreón al fin de semana antes de que se acabe el campeonato.

En el capítulo de ayer os contaba que Alberto dio mil y una vueltas en la cama. Servidor hizo lo propio, pero al final consiguió conciliar el sueño pensando en cosas bonitas. Más bien, en una cosa bonita y en la cantidad de cosas bonitas que quiere hacerle. Hubo un rato en el que me acaloré y pensé que me iba a costar dormir, pero al final pude, poco, eso sí, porque al rato mi compañero de habitación se puso a dar más vueltas que un hámster en una tienda de quesos. Que si se despierta, que si se levanta, que si se pone a escribir en el ordenador… una locura. Al rato, decide irse a correr. "Alberto, qué hora es?" "Las seis, tronco". "A esta hora no están puestas ni las calles". "Ya, pero no puedo dormir". Se va, yo consigo dormir otro rato y vuelve, porque a esta hora suele entrar en la radio (no físicamente, mamá, me refiero a que le llaman para que diga cosas). Comenta un par de historias sobre el atletismo (lo de los helados no lo cuenta nunca) y poco más. Al terminar, dijimos de desayunar o dormir. Como no nos decidíamos, hicimos las dos cosas (primero desayunar, luego dormir).

"Las 12 y media". "Cinco minutos más". "Venga, que tenemos que ir a la zona de atletas". Y es que nos han invitado a ver a la selección. No, padre, aquí no están Casillas ni Xavi ni Fernando Torres, es la selección de atletas que compiten en el Mundial. Se van a hacer la foto oficial, como cuando yo iba a clase y como llevaba gafas no se me veían los ojos, que se quedaban reflejados, ¿os acordáis?. En la Villa los tíos es´tan como dios, la verdad, qué bien viven, como en los apartamentos de la playa pero para ir a competir. Comparten piso entre varios (no sé quién limpia) y les dan de comer pasta todos los días. Bueno, que se lo pasan medio bien, la verdad.

Allí me ha tocado hacer la foto del equipo porque nuestro fotógrafo todavía estaba en el autobús. Ya sabes, el clásico. Yo, que estaba haciendo las fotos con el móvil, me he dado cuenta de que para eso tengo la cámara de fotos tan chula que me compré y que he tocado cuatro veces en mi vida. Mirad al pajarito (a ese no, madre) y chas, los chavales se van que llegan tarde. La foto está bien, pero no sé yo por qué van todos con chandal, que parecen aquello unas convivencias de esas a las que yo, como no iba a colegio de curas, no tenía que ir.

Cuando ha llegado el fotógrafo le he dado la foto. La ha mirado y me ha dicho que suerte tengo de dedicarme a otra cosa. Pero nos hemos ido a comer cerca, a un centro comercial que tenía un buffet de ensaladas. Cuando Alberto, el fotógrafo y yo hemos salido han puesto el cartel de "Se traspasa" porque les hemos hecho un siete interesante. Y es que estaba todo muy rico. Picante, un rato, pero rico. Aquí cuando pone "picante" es que pica muchísimo. Cuando no pone nada es que pica un poco y cuando pone "dulce" es que está soso. Para que os vayáis haciendo a la idea. Tras comer hemos hecho la digestión paseando un poco por el Cortinglés de aquí, pero estaba todo carííííííííííííííííííííííísimo, eso sí, muy bien puesto en los percheros, las etiquetas bonitas y el hilo musical muy bien. Por lo demás, nada, así que taxi que te crió y para el estadio.

En la zona de prensa ponen un par de veces el "Happy hour" de periodistas (o sea, cerveza, bollos, cafés y demás gratis). Lo mejor de ser periodista es que, por muy buitre que te sientas, siempre hay alguien que te gana, eso no falla nunca. Que te tomas un zumo? El de al lado se toma tres. Así, tan contentos. En la tribuna y en la competición luego hemos ganado una medalla de bronce (bueno, digo "hemos", pero se la ha llevado una atleta, nosotros solo hemos levantado los brazos y dicho "bien, Natalia", pero nos sabe como si fuera nuestra). Con el buen sabor de boca nos hemos venido a cenar al barrio… sí, lo de siempre, un buen helado (y un sandwich en mi caso) que nos tomamos cada noche "a la fresca" con unos compañeros sevillanos que están en el mismo hotel.

Y, con eso, nos hemos ido a dormir, que tenemos algo de sueño atrasado, ya os podéis imaginar.

Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel

PD - "Happy Hour" en nuestro hotel es otra cosa, pero no queremos ni preguntar.


jueves, 1 de septiembre de 2011

Queridos padres,

ya hace una semana que rondamos por tierras de Daegu, que despertamos cada día en este hotel (ya sabéis por llamarlo de alguna manera), que vamos al estadio (bueno, menos ayer) y que dormimos poco y mal. Lo bueno, que va quedando menos para volver a veros. Lo malo, que todavía queda una semana. Pero nada, que pasa enseguidita, como la época del cerezo en flor, así que a lo que vamos, que no os vais a quedar sin ración diaria de desventuras de vuestro hijo que os quiere, Maikel.

Resultó que bajamos a correr a primera hora de la mañana. 9, pero aquí hacía ya un calor que ni que se hubieran dejado el horno puesto. Al río. Aquí abajo hay un río con un pequeño carril bici que lo rodea y muchos japoneses haciendo deporte (esto ya lo sabéis), pero lo que no sabíais es que ayer acabamos despelotado de cintura para arriba todo el grupo. Salimos con Rafa Vega, un tipo majo de la televisión andaluza (Canal Sur) al que también le gusta esto de salir a correr un poco. Al poco de empezar nos encontramos con Miguel Mostaza (aunque parece de coña, el apellido es ese), que es un representante de atletas. Vamos, el que les consigue las carreras, negocia con las marcas y eso. Buen tipo Mostaza, pero ayer nos hizo sudar de lo lindo. Al que suscribe, que llevaba unas zapatillas minimalistas (que no tienen casi suela) le acabaron haciendo los tobillos chiribitas. David Plaza acabó mareado y el de Canal Sur descolgado del grupo, aunque al final nos reagrupamos.

Tras el entreno le dijimos a David de ir a pasar el día a Seúl y contestó con un "me la suda, tengo sueño". Así que se fue para el hotel mientras Alberto y yo nos fuimos a ver la final de los 20 km marcha de chicas que, eminentemente, son como los de chicos, lo único que ellas pisan con un poco más de garbo. Las vimos pasar una vez y luego ya nunca más. "Sí que tardan", dijo Alberto. Yo había ido a comprar algo de fruta y Gatorade. "Pues sí". "No vienen, eh…" Claro, como que ya se había terminado la prueba (esto no lo contéis por ahí que quedamos como poco profesionales). Pues nada, de vuelta a casa, no sin antes pasar por una tienda de modelismo que Alberto quería comprarle un juguete al chaval. Un taxi después estábamos en el hotel. Como era la jornada de descanso nos dedicamos a hacer lo mismo que los atletas, así que nos tumbamos un ratejo, hasta despertar a Plaza, que vino en pijama a la habitación y con la maleta a medio hacer, por si queríamos echarle algo. "Nada, tío".

Comimos en el coreano de menú del día de aquí abajo (el de siempre) y le acompañamos a la estación de tren de alta velocidad. Nosotros fuimos en taxi, así que más o menos rápidos, como el tren. La estación de DongDaegu (Don Dagu, o el señor Huevo) tiene más negocios de fuera de Corea que de dentro. Rara, sí. 10 vías de tren, cada una para su lado, y trenes a Seúl cada cinco minutos. Se presentan en 1 hora y pico en la capital. "Uno para Valladolid". "Ay no, perdón, para Seúl". "13:30?" "No, el próximo que salga". "Ida y vuelta?" "Ojalá, señorita". (todo esto es en inglés pero yo lo traduzco porque si no pierde". Pagamos, y listo. Cabe decir que los dos siguientes andaban llenos, así que David pilló el tercero. De allí, un aeropuerto a Madrid, tiene que ayudar a la familia, aquí se lo estaba pasando genial.

Alberto y yo volvemos al hotel. Un poco jodidos, la verdad. Escribimos un rato y él se echa la siesta. Yo escribo otro poco y hago lo propio. Cuando despertamos, es ya de noche muy cerrada. "Joder, si son las 10". "No fastidies". "Que sí, tío". "¿Me he echado cuatro horas de siesta?" "Ni más ni menos, que dirían los Chichos". "Vaya. Habrá que ir a cenar, ¿no?". Damos un paseo aprovechando que de noche todas las calles están más frescas y acabamos en el centro. Ya se ven más occidentales, los reconocemos porque no tienen los ojos rasgados y algunos son negros. Acabamos, por variar, en un japonés. Nos ponemos bien con 4 cositas. No pido cerveza porque no estando David no me gusta beber solo, y Alberto solo toma agua. Terminamos y damos otro paseo. Vamos un pelín cansados, así que aterrizamos en el hotel (dos bolas de helado mediante sentados en un parque, lo que me gustan a mi los parques, aunque no siempre para tomar helado, todo sea dicho).

En el hotel, no hay nadie que consiga hacernos dormir. Cuando yo termino de escribir la entrada del post anterior y publicarla ya son las 2 de la mañana largas. Alberto, que está leyendo, no hace cara de tener sueño. Da muchas vueltas, presiento que le va a costar dormirse… (vale, esto es trampa, sé lo que va a pasar porque lo he vivido, pero, como en las series, así os dejo con la intriga)

Un beso grande de vuestro hijo que os quiere,

Maikel

PD - La verdad, tengo muchas ganas de veros. Y es así.

miércoles, 31 de agosto de 2011




Queridos padres,

ayer se nos dio regular, gracias a Dios. Yo no dormí demasiado bien por lo de David, así que me quedé hasta eso de las 11 de la mañana en la cama. Me despertó, dios mediante, la señora de la limpieza, que entró a ritmo de competición en la habitación, levantó la persiana, cogió la toalla del suelo y, en cuanto me incorporé de la cama, se percató de mi presencia y salió diciendo algo raro en coreano. Tranquilos, sigo durmiendo en calzoncillos, que todavía recuerdo esos sabios consejos de no quedarse con el culo al aire del tío Joaquín.

Tras el desayuno de rigor y ver un poquito de la jornada de mañana nos fuimos a lo que mejor se nos da a los periodistas: el trinque. Primero, hospitality de Asics, donde conocimos al capo europeo, que nos regaló unas viandas y nos invitó a un café. Después, al de Nike (no se puede decir muy alto, que los periodistas no podemos entrar ahí, pero tengo un contacto), donde, además de ver de cerca a megaatletas, se come de puta madre. Y gratis. Así que volveremos allí día sí, día también.

Después, al estadio. Plaza tiene sueño, así que se va al hotel, está pendiente de la llamada para saber cuándo vuela. Subimos a un autobús y nos toca al lado José Luis López, de la SER, vaya crack, nos da una explicación de narices sobre la final de 110m vallas (donde se pegaron el negro y el chino, os acordais?) y al minuto le llaman de la radio. Sí, de la SER, donde Gabilondo. Y entra en directo desde un autobús, y se pone a hablar en el matinal, cómo mola, de Tuvalu (no el país, sino el atleta que se ha hecho famoso por correr los 100m en casi el doble de tiempo que Bolt, que es el tipo más rápido). Me llaman de Madrid. Tienen una opción de vuelo para Plaza. Me acerco al conductor y le pido que me abra con señas. Dice que pasa. No jodas, le digo que es una emergencia y abre. Subimos a un taxi para el hotel. Volvemos a hablar con Madrid y vemos que la opción no es factible, así que optamos por no despertar a Plaza y, ala, de vuelta al estadio.

La jornada transcurre sin incidencias pero con emotividad. Un lanzador de disco por allí, una de pértiga por allá, españoles, etc... nos hacemos fotos en la grada, serán las últimas del grupo completo, y hacemos una especie de última cena. Alberto quiere helado, Plaza y yo, sandwich y cerveza. Cada uno va a por lo suyo y, cuando volvemos al centro de operaciones (la heladería), Alberto ha cometido un crimen de 650g de Baskin Robbins. "Pero muy rico", comenta.

Un paseo final y al hotel. No ha sido el mejor día de todos, ni el más completo, pero teníamos a David al lado. Será el último que cenemos juntos. La vida es como un karaoke coreano de los de la foto, mucho mejor con amigos.

Un saludo de vuestro hijo que os quiere,
Maikel

PD - Sí, siempre se van los mejores.

martes, 30 de agosto de 2011



Queridos padres,

la verdad, hoy los acontecimientos no hacen que esté pletórico, para qué engañarse, pero se trata de que sepáis cómo me va y de que la vida, irremediablemente, ha de seguir, como decía Julio Iglesias poco después de dejar de ser portero del Real Madrid. Por cierto, guapo, Julio Iglesias, y pelazo, en esa época, yo recuerdo que fuimos un año a verle al Parque de Atracciones y grabé un vídeo con la cámara de papá, esa que se me cayó al suelo un día. Bueno, decíamos que se trata de contar lo que pasó.


En primer lugar, se durmió, y muchísimo. No como si fueran a prohibirlo por decreto de ley, pero casi. A eso de las 7 me levanté a hacer unos recados y, a la vuelta, a eso de las 8, me dio por tumbarme un rato a ver si cogía el sueño. Lo cogí, lo atenacé y no lo solté hasta las doce de la mañana, que Plaza ya tenía miedo de que nos hubiera pasado algo. Él duerme menos y le parece de mala educación que nos recochineemos sobando hasta las mil.


Con el paso cambiado vimos un poco del atletismo en televisión y, después, a comer. Fuimos a un japonés de todo a cien. Barato, sí, y con el grano de arroz muy suelto, lo que al final hace que acabes tomando sopa de soja con arroz. Pero vamos, que nos dimos un mediano homenaje. Allí no servían cerveza, así que fuimos al garito de enfrente, agarramos dos latas (la birra de aquí es de 4,5 grados, muy suavecita) y nos las trajimos al sitio original. Aquí no se ponen nerviosos ni nada de eso, ni te echan, lo ven como normal, de hecho, en el momento en el que entras eres un cliente. Postre, más bien poco, en muchos te sueltan la cuenta nada más servirte, no vaya a ser que te dé por largarte.


Tras el sushi y el maki (madre, pescado crudo con arroz envuelto en algas) ala, de nuevo al hotel. Quince minutos rápidos para acicalarnos y al estadio, que la jornada de hoy promete. Allí nos encontramos con nuestro fotógrafo (padre, para que luego digas), un tipo sensacional que se llama Miguélez y nos pasa cada día un resumen de la jornada en 4 o 5 instantáneas. A base de bien. Departimos (madre, hablamos) con él durante unos 30 minutos y nos subimos para ver las competiciones. Hoy no hay gran cosa, bueno, corre Oscar Pistorius, un tipo al que le amputaron las dos piernas y corre con una especie de resortes la prueba de 400m (una vuelta a la pista lo más rápido posible, como cuando papá me intentaba agarrar con la zapatilla). El pobre ha quedado último, pero la gente le ha aplaudido igual, que aquí los coreanos son mucho de sentimentalismos.


Después ha llegado la polémica de la jornada. No os voy a aburrir, dos corrían juntos saltando vallas (como la de la finca del tío Tomás donde nos colábamos a robar moras) y uno, negro y cubano, le ha dado al otro, chino, en la mano, que se ha trastabillado y no ha podido ganar. Así que racismo, no había. Pero como el cubano era más grande, le han dicho que pida perdón y lo han descalificado, que parece que su armario iba lleno de medallas ya. Ergo (padre, entonces) los cubanos se han enfadado y han hecho básicamente lo mismo que hacen cuando se alegran: beber cerveza y blasfemar.


En el autobús de regreso al hotel a Alberto le ha entrado la premonición de que quería atiborrarse de helado del Baskin Robbins (el de los 31 sabores ese del Paseo Marítimo de Calpe). Pero, hete aquí que cuando hemos ido a llegar eran ya las 23:50, y el Baskin Robbins tiene a bien cerrar sus puertas a las 23:40. Alberto ha blasfemado y se ha comprado, en su lugar, una tarrina de medio kilo de helado de vainilla de Snickers, mientras Plaza y yo nos tomábamos una especie de sandwich en un sitio como francés-coreano, cerca del único Starbucks que hemos visto aquí.


Luego ha llegado una llamada que no queríamos recibir y nos hemos puesto un poco tristes, todo sea dicho. Después he dado vueltas en la cama hasta las 3 y media de la mañana, y he conseguido dormir. He pensado mucho en muchas cosas. Una de ellas, que os quiero mucho y mi único miedo es que un día os pase algo (toma cambio de tono de este blog en una línea), pero no por ello he de estar triste, sino vivir la ida y aprovechados al máximo, así como al resto de la gente a la que quiero y me quieren.


Ah, y se suda un montón en Corea. Sigo sin arroparme pero a la mínima de cambio aparece la almohada empapadita (y eso que me corté el pelo antes de venir). Sea como fuere, se os extraña.


Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel


PD - He leído vuestros comentarios del tirón. Tengo que leerlos tranquilamente para contestados, pero tengo la mandíbula y los dedos desencajados de tanto reírme. Sois geniales ;-)


lunes, 29 de agosto de 2011

Queridos padres,

ayer salí a correr por segunda vez en lo que llevamos de viaje. Primera, si olvidamos los míseros 20 minutos del primer día. Mi objetivo, no os engaño, es llegar a terminar tan sudado como Alberto, que cuando termina parece que acaba de salir de la piscina, imaginaos lo que se le pega la camiseta. Vuestro hijo, pese a que chorrea por la frente, no llega a tanto, y se tuvo que conformar con ver cómo el sudor se apelotonaba en la zona donde la espalda está a punto de perder su santo nombre y, secundariamente, en el cuello y pecho. Nada, ni con los 50 minutos a buen ritmo que hicimos fue suficiente.


Como estábamos cerca, caminamos a ver a la gente de la marcha (no, no son los que vuelven tarde de la fiesta del sábado) que, a fin de cuentas, hacían lo propio (andar) pero a toda leche. Tanto que ganan a muchos atletas populares, ya que hacen 20km en menos de 1hora y 20 minutos. Una burrada. Allí ya no estaba Paquillo Fernández, uno de los dos representantes españoles y que tenía opción de medalla. El resto, sí, dando vueltas muy rápido y recibiendo amonestaciones cada vez que el juez cree que despegan los dos pies del suelo (lógico, a más de uno se le iría la cabeza yendo tan rápido).


Después desayunamos en una panadería francesa (aquí me soplan que se dice boulangerie) en pleno centro de Daegu. De los pocos sitios de esta ciudad que huelen a harina, azúcar y anís en vez de a maíz y sudor. Como somos esa clase de gente, compramos rápido 3 piezas y salimos rápido porque si no estas líneas las estaría escribiendo desde allí. Muy rico se queda corto para definirlo. Tras ello, al hotel (como siempre), donde vimos correr a un chaval que ha venido aquí, Oscar Pistorius, conocido porque es el primer atleta discapacitado (corre con unas prótesis metálicas por piernas) que se ha clasificado para unos Mundiales. Corre en 400m (una vuelta al estadio) y consiguió quedar 2º en su serie, así que hoy lo veremos de nuevo. Es una de las atracciones del martes por la tarde.


Tras ello, a comer. Por primera vez, barbacoa coreana. Concretamente, panceta de cerdo, lo llamen como lo llamen, no hay más que hablar. Sí, que te dejan que te la comas hecha a la piedra, que va con un montón de especies, y todo eso… pero.. SIN PAN! ¿Cómo se puede comer uno panceta sin pan? Y sin vino? Aquí no nos atrevemos con el soju, así que tomamos cerveza, que está más rica. Adivinaréis que tras el festín fuimos a echar la siesta. La hora y cuarto de rigor se quedó en poco, así que le sumamos media hora más, tras la que nos levantamos catatónicos (que viene a ser como cuando me despertabais para ir a misa en las fiestas del pueblo después de llegar de madrugada). Duchita y al estadio. Abajo nos encontraos a Paquillo Fernández (por si no os habéis enterado, lo nombro en el segundo párrafo, esos bloques de texto que separan las frases… de nada :P ) y le preguntamos por su lesión y retirada. Estaba un poco cabreado porque se ha sentido mal y hemos seguido de charla con él. Hasta luego, Paco, y al Estadio, que ya es hora.


Llegamos con el tiempo justo después de coger un taxi porque con la charla se nos ha pirado el tiempo del autobús. Corren varios españoles, pero todos caen eliminados ante los portentos africanos. A final de la noche, el plato fuerte, los 100m, de Usain Bolt, un tío que corre muy rápido en muy poco tiempo y que en dos zancadas se recorre el prado del tío Jeremías (que no es muy grande, pero hay que hacerlo). El tío (Bolt, no Jeremías) tenía tanta prisa por terminar de correr que ha salido antes de que el juez diera el pistoletazo de salida (que viene a ser como el "preparados, listos, ya!" pero aquí que todo está informatizado en vez de hacerse con bocina se hace con una pistola. Se ve que el juez se ha cabreado y le ha dicho que cierre la puerta del Estadio por fuera. Así que nos hemos quedado un poco más tristes. Ha ganado otro de Jamaica (yo creo que le han dejado los otros en consideración) y un blanco, que es francés y corre mucho, casi queda 3º y pilla medalla. Una putada, pero… así es la vida.


Con el mal sabor de boca todavía reciente de los 100m nos hemos subido al autobús y de nuevo al hotel. Hemos estado en un sitio "coreano-fusión", que viene a ser fingers de pollo, calamares y bravas, eso sí, todo rebozado con tempura. Nos hemos puesto finos. Para rematar, un par de helados. Y nos ha entrado un sueño muy muy rico que ha devenido en caer rendidos a las 12 de la noche… será la edad.


Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel

domingo, 28 de agosto de 2011

PINCHAR EN LA IMAGEN PARA AMPLIAR ;-)


Queridos padres:


ayer comenzó la competición. Esto está lleno de gente sudando a chorros. De hecho, se ganan la vida así. Y nos han llamado para que contemos cómo sudan, cuánto tiempo tardan hasta que dejan de sudar y si ha habido alguien que lo haya sudado menos. Comencemos por el principio: ayer llegábamos tarde a la salida del maratón. El maratón es una prueba un poco estúpida, para que te hagas una idea, como ir de Madrid a Aranjuez corriendo en vez de coger el tren de la fresa, con lo ricas que están y lo bonito que está Aranjuez para pasearlo si uno no está sudando a chorros. Pues ayer unas 60 chicas de todos los países tenían que recorrer esa distancia (para llegar al mismo punto de salida, que también es tontería, ya que corres 42 kilómetros, hazlo en línea recta) y ver quién tardaba menos. Lo dicho, nosotros íbamos tarde, así que cogimos un taxi coreano. Este no nos dejó pagar con tarjeta, así que nos regaló el viaje. Majete.


Luego se dio la salida. Al principio la española iba rápido, ahí al principio del pelotón, pero poco a poco se iba quedando atrás y nos dimos cuenta de que algo iba mal. A mitad de carrera ya no iba, nos enteramos de que le había dado un apretón (es verdad, mamá, no me riñas) y se tuvo que parar. Yo lo entiendo, cuando vienen las ganas, da igual que estés compitiendo, párate que los temas de la tripa son importantes. Durante el rato estuvimos viendo un par de tiendas de juguetes, nos encontramos a uno de los maratonianos (chicos) y en general dimos una buena vuelta por Daegu (vamos, que terminamos reventados).


Así que al hotel. Ducha rápida, ver un poco de atletismo en la televisión (un plasma enorme, que no sé ni cómo ha cabido por la puerta) y… ya sabes, a comer. Plaza no quiso venirse, decía que le alimentaba más echarse la siesta. Alberto y yo fuimos a un coreano austero. Tanto que nos tuvimos que sentar en el suelo y quitarnos las zapatillas. Alberto dijo que no le apetecía comer callos (es verdad, no me riñas), así que pedimos una especie de tofu y de revuelto de ajetes, pulpo y champiñones que, sin coñas, es de lo mejorcito que hemos probado últimamente. A la vuelta nos echamos la siesta y para el estadio.


Al estadio se va en un autobús solo para periodistas, que digo yo que será deficitario, porque ahí nadie paga. De hecho a más de uno seguro que le falta la cartera al volver. Allí nos hicimos amigo del entrenador de una atleta holandesa de 800 metros (no de altura, es la distancia en que compite) y que nosotros, como gente bien educada, saludamos aunque no tengamos ni idea de lo que nos están diciendo. Una vez en la grada localizamos nuestra posición. Nos dan un pupitre para nosotros solos con televisión, internet y enchufe. Como en un examen. A la derecha tenemos a dos italianos, de La Mattina, o algo así, creo que es un periódico o una revista. Bueno, lo mejor es que, además, te chivan las preguntas, porque te dan muchos dossiers diciéndote quiénes son los atletas (así es más sencillo contarlo luego a la gente, pero no lo digáis por ahí que se me acaba el chollo). El campeonato empieza con la ceremonia de inauguración, que mínimo la diseñó un valenciano porque mucho fuegos artificiales, mucha charanga y tracas a mogollón. Y de repente, una coreana cantando una versión del "Hijo de la Luna" ese de Mecano que Ana se tuvo que quedar tan avergonzada como su apellido (Tó Roja).


Y después, las carreras. Y venga gente corriendo, dando vueltas a la pista. Vimos una final de 10.000 metros. En vez de salir a dar una vuelta, dan 25, pero al estadio, como los coches en los circuitos. Ganaron 3 negras. KeniAnas, ya sabes, como en el maratón. Y después, los 100m. Los 100 metros viene a ser un "corre que te pillo" y debería estar enseñado en las academias de ladrón. Se trata de, desde agachado, salir a toda leche lo más rápido posible. Aquí parte la pana un negro, que se llama Usain Bolt, que tiene el récord del mundo en salir escopetado. Al español le tocó correr en su misma serie (por otra calle distinta) y se clasificó. También lo hizo un chaval francés blanco, que corre como un negro y se llama Cristophe Lemaitre. Así, con cara de guapete, pero que corre que se las pela.


Luego nos quedamos a ver qué hacían los otros dos españoles en liza. Una, Concha Montaner, tenía que hacer salto de longitud, o sea, lanzarse en plancha a ver lo lejos que llegaba. Pero no sabemos lo lejos que llegó porque los 3 saltos fueron inválidos por deformar una cosa de plastilina que ponen justo después del sitio (que digo yo que la plastilina está para eso, no?). Y el otro es un chaval extremeño, Javier Cienfuegos, que tenía que hacer el lanzamiento de martillo. El martillo no es el de Thor, es una bola unida con una cadena a un palitroque, o sea, que con eso no clavas ni el cuadro de mi Primera Comunión, que mira que tiene el marco ligero, pero bueno, el chaval, pese a estar así rellenito, no consiguió ganar a los otros y no pasará a la siguiente ronda.


Con nuestro gozo y nuestra sombra nos volvimos al hotel. Cenamos lo mismo que comimos (en el mismo sitio, además) y fuimos a tomar una cerveza. Lo único que aquí no nos dejan tomar cerveza en los bares porque somos españoles. La verdad, que no sé por qué, pero mañana te seguiré contando.


Un beso fuerte, fuerte, de vuestro hijo que os quiere


Maikel


PD - Podéis quitar el cuadro de la Primera Comunión de mi habitación. Total, después de la JMJ creo que voy a apostatar….