
Queridos padres,
ya va quedando menos campeonato, y parece que fue ayer cuando nos vinimos a tierras coreanas, pero la cosa sigue, sigue y sigue que es un no parar. Voy recuperando el humor a medida que veo más cercano el vuelo de vuelta, para qué negarlo, y tampoco lo estamos pasando tan mal, así que vamos a darle un último arreón al fin de semana antes de que se acabe el campeonato.
En el capítulo de ayer os contaba que Alberto dio mil y una vueltas en la cama. Servidor hizo lo propio, pero al final consiguió conciliar el sueño pensando en cosas bonitas. Más bien, en una cosa bonita y en la cantidad de cosas bonitas que quiere hacerle. Hubo un rato en el que me acaloré y pensé que me iba a costar dormir, pero al final pude, poco, eso sí, porque al rato mi compañero de habitación se puso a dar más vueltas que un hámster en una tienda de quesos. Que si se despierta, que si se levanta, que si se pone a escribir en el ordenador… una locura. Al rato, decide irse a correr. "Alberto, qué hora es?" "Las seis, tronco". "A esta hora no están puestas ni las calles". "Ya, pero no puedo dormir". Se va, yo consigo dormir otro rato y vuelve, porque a esta hora suele entrar en la radio (no físicamente, mamá, me refiero a que le llaman para que diga cosas). Comenta un par de historias sobre el atletismo (lo de los helados no lo cuenta nunca) y poco más. Al terminar, dijimos de desayunar o dormir. Como no nos decidíamos, hicimos las dos cosas (primero desayunar, luego dormir).
"Las 12 y media". "Cinco minutos más". "Venga, que tenemos que ir a la zona de atletas". Y es que nos han invitado a ver a la selección. No, padre, aquí no están Casillas ni Xavi ni Fernando Torres, es la selección de atletas que compiten en el Mundial. Se van a hacer la foto oficial, como cuando yo iba a clase y como llevaba gafas no se me veían los ojos, que se quedaban reflejados, ¿os acordáis?. En la Villa los tíos es´tan como dios, la verdad, qué bien viven, como en los apartamentos de la playa pero para ir a competir. Comparten piso entre varios (no sé quién limpia) y les dan de comer pasta todos los días. Bueno, que se lo pasan medio bien, la verdad.
Allí me ha tocado hacer la foto del equipo porque nuestro fotógrafo todavía estaba en el autobús. Ya sabes, el clásico. Yo, que estaba haciendo las fotos con el móvil, me he dado cuenta de que para eso tengo la cámara de fotos tan chula que me compré y que he tocado cuatro veces en mi vida. Mirad al pajarito (a ese no, madre) y chas, los chavales se van que llegan tarde. La foto está bien, pero no sé yo por qué van todos con chandal, que parecen aquello unas convivencias de esas a las que yo, como no iba a colegio de curas, no tenía que ir.
Cuando ha llegado el fotógrafo le he dado la foto. La ha mirado y me ha dicho que suerte tengo de dedicarme a otra cosa. Pero nos hemos ido a comer cerca, a un centro comercial que tenía un buffet de ensaladas. Cuando Alberto, el fotógrafo y yo hemos salido han puesto el cartel de "Se traspasa" porque les hemos hecho un siete interesante. Y es que estaba todo muy rico. Picante, un rato, pero rico. Aquí cuando pone "picante" es que pica muchísimo. Cuando no pone nada es que pica un poco y cuando pone "dulce" es que está soso. Para que os vayáis haciendo a la idea. Tras comer hemos hecho la digestión paseando un poco por el Cortinglés de aquí, pero estaba todo carííííííííííííííííííííííísimo, eso sí, muy bien puesto en los percheros, las etiquetas bonitas y el hilo musical muy bien. Por lo demás, nada, así que taxi que te crió y para el estadio.
En la zona de prensa ponen un par de veces el "Happy hour" de periodistas (o sea, cerveza, bollos, cafés y demás gratis). Lo mejor de ser periodista es que, por muy buitre que te sientas, siempre hay alguien que te gana, eso no falla nunca. Que te tomas un zumo? El de al lado se toma tres. Así, tan contentos. En la tribuna y en la competición luego hemos ganado una medalla de bronce (bueno, digo "hemos", pero se la ha llevado una atleta, nosotros solo hemos levantado los brazos y dicho "bien, Natalia", pero nos sabe como si fuera nuestra). Con el buen sabor de boca nos hemos venido a cenar al barrio… sí, lo de siempre, un buen helado (y un sandwich en mi caso) que nos tomamos cada noche "a la fresca" con unos compañeros sevillanos que están en el mismo hotel.
Y, con eso, nos hemos ido a dormir, que tenemos algo de sueño atrasado, ya os podéis imaginar.
Un beso de vuestro hijo que os quiere,
Maikel
PD - "Happy Hour" en nuestro hotel es otra cosa, pero no queremos ni preguntar.
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