
Queridos padres,
ya hace una semana que rondamos por tierras de Daegu, que despertamos cada día en este hotel (ya sabéis por llamarlo de alguna manera), que vamos al estadio (bueno, menos ayer) y que dormimos poco y mal. Lo bueno, que va quedando menos para volver a veros. Lo malo, que todavía queda una semana. Pero nada, que pasa enseguidita, como la época del cerezo en flor, así que a lo que vamos, que no os vais a quedar sin ración diaria de desventuras de vuestro hijo que os quiere, Maikel.
Resultó que bajamos a correr a primera hora de la mañana. 9, pero aquí hacía ya un calor que ni que se hubieran dejado el horno puesto. Al río. Aquí abajo hay un río con un pequeño carril bici que lo rodea y muchos japoneses haciendo deporte (esto ya lo sabéis), pero lo que no sabíais es que ayer acabamos despelotado de cintura para arriba todo el grupo. Salimos con Rafa Vega, un tipo majo de la televisión andaluza (Canal Sur) al que también le gusta esto de salir a correr un poco. Al poco de empezar nos encontramos con Miguel Mostaza (aunque parece de coña, el apellido es ese), que es un representante de atletas. Vamos, el que les consigue las carreras, negocia con las marcas y eso. Buen tipo Mostaza, pero ayer nos hizo sudar de lo lindo. Al que suscribe, que llevaba unas zapatillas minimalistas (que no tienen casi suela) le acabaron haciendo los tobillos chiribitas. David Plaza acabó mareado y el de Canal Sur descolgado del grupo, aunque al final nos reagrupamos.
Tras el entreno le dijimos a David de ir a pasar el día a Seúl y contestó con un "me la suda, tengo sueño". Así que se fue para el hotel mientras Alberto y yo nos fuimos a ver la final de los 20 km marcha de chicas que, eminentemente, son como los de chicos, lo único que ellas pisan con un poco más de garbo. Las vimos pasar una vez y luego ya nunca más. "Sí que tardan", dijo Alberto. Yo había ido a comprar algo de fruta y Gatorade. "Pues sí". "No vienen, eh…" Claro, como que ya se había terminado la prueba (esto no lo contéis por ahí que quedamos como poco profesionales). Pues nada, de vuelta a casa, no sin antes pasar por una tienda de modelismo que Alberto quería comprarle un juguete al chaval. Un taxi después estábamos en el hotel. Como era la jornada de descanso nos dedicamos a hacer lo mismo que los atletas, así que nos tumbamos un ratejo, hasta despertar a Plaza, que vino en pijama a la habitación y con la maleta a medio hacer, por si queríamos echarle algo. "Nada, tío".
Comimos en el coreano de menú del día de aquí abajo (el de siempre) y le acompañamos a la estación de tren de alta velocidad. Nosotros fuimos en taxi, así que más o menos rápidos, como el tren. La estación de DongDaegu (Don Dagu, o el señor Huevo) tiene más negocios de fuera de Corea que de dentro. Rara, sí. 10 vías de tren, cada una para su lado, y trenes a Seúl cada cinco minutos. Se presentan en 1 hora y pico en la capital. "Uno para Valladolid". "Ay no, perdón, para Seúl". "13:30?" "No, el próximo que salga". "Ida y vuelta?" "Ojalá, señorita". (todo esto es en inglés pero yo lo traduzco porque si no pierde". Pagamos, y listo. Cabe decir que los dos siguientes andaban llenos, así que David pilló el tercero. De allí, un aeropuerto a Madrid, tiene que ayudar a la familia, aquí se lo estaba pasando genial.
Alberto y yo volvemos al hotel. Un poco jodidos, la verdad. Escribimos un rato y él se echa la siesta. Yo escribo otro poco y hago lo propio. Cuando despertamos, es ya de noche muy cerrada. "Joder, si son las 10". "No fastidies". "Que sí, tío". "¿Me he echado cuatro horas de siesta?" "Ni más ni menos, que dirían los Chichos". "Vaya. Habrá que ir a cenar, ¿no?". Damos un paseo aprovechando que de noche todas las calles están más frescas y acabamos en el centro. Ya se ven más occidentales, los reconocemos porque no tienen los ojos rasgados y algunos son negros. Acabamos, por variar, en un japonés. Nos ponemos bien con 4 cositas. No pido cerveza porque no estando David no me gusta beber solo, y Alberto solo toma agua. Terminamos y damos otro paseo. Vamos un pelín cansados, así que aterrizamos en el hotel (dos bolas de helado mediante sentados en un parque, lo que me gustan a mi los parques, aunque no siempre para tomar helado, todo sea dicho).
En el hotel, no hay nadie que consiga hacernos dormir. Cuando yo termino de escribir la entrada del post anterior y publicarla ya son las 2 de la mañana largas. Alberto, que está leyendo, no hace cara de tener sueño. Da muchas vueltas, presiento que le va a costar dormirse… (vale, esto es trampa, sé lo que va a pasar porque lo he vivido, pero, como en las series, así os dejo con la intriga)
Un beso grande de vuestro hijo que os quiere,
Maikel
PD - La verdad, tengo muchas ganas de veros. Y es así.
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