jueves, 25 de agosto de 2011



Queridos padres:


ya estoy en Daegu (aquí algunos lo escriben Taegu, pero yo creo que es porque se quedaron sin la tecla D en el ordenador y les da un poco de dentera pronunciarlo bien). Daegu es grande, un poco más que el barrio y con edificios grandes con neones y letras en coreano y todo eso. Vamos, como muchas otras ciudades. Rodeado de montañas, pero feo. Muy feo. Sí, ya sé que queda mal decirlo, que me traen aquí gratis, que hay que ser políticamente educado y correcto, como cuando íbamos a comer a casa de los primos y, aunque la sopa supiera a lo que sabía, me la terminaba entera, so pena de repetir (como pasó muchas veces). Pero una cosa es lo políticamente correcto y otra la verdad, y tampoco os voy a engañar. Feo, sí. Tan feo como el hijo de la vecina no, ese que se ponía siempre de portero cuando jugábamos de pequeños al fútbol porque nadie tenía narices a mirar a la portería del susto, pero casi.


El viaje en avión fue largo. Nos dieron de comer por ver si se nos pasaba antes, pero ni con esas. Bueno, comer, comer… yo creo que nos van entrenando para cuando la crisis vaya a peor, porque al tío Genaro el del pueblo le dan un pan con mantequilla, dos hojas de lechuga, nada y menos de pescado con arroz y una minidonia de frutas y se saca el chorizo (no, ese no, el otro) y el lomo y se acaba haciendo un bocata. Como vieron que nos quedamos con cara de circunstancias, después del postre nos dieron un sandwich a cada uno de jamón y queso. Seco, que es lo que tienen los aviones, que te resecan las mucosas y la comida, pero nos lo acabamos comiendo. Yo creo que el piloto se equivocó porque en vez de parar en Daegu nos dejó en Pekín. Yo intenté acercarme para decirle que faltaba una parada, pero me bajaron del avión. También, qué le habría costado acercarnos, si ya lo más duro había pasado, pero ni con esas, como cuando íbamos al pueblo en el autobús de línea y cogíamos el cambio de turno. Por eso tuvimos que esperar a que llegara otro avión. Entre que lo avisaron y llegó se pasaron dos horas, así que nos conectamos a internet, fuimos al baño y bebimos agua de unas fuentes que en vez de vasos de plástico tienen unos capirotes de papel pequeños, que yo no me acuerdo ya del volumen de la pirámide circular pero me da la impresión de que cabe menos agua que en el vaso convencional. Además de que si lo apoyas en la mesa se te derrama, lo mires por donde lo mires. Los capirotes de papel, queramos o no, solo para comprar altramuces en las fiestas del pueblo. Por cierto, que como Alberto (el chaval ese que viene a veces a casa que unas veces está delgado y otras no) ha cambiado mucho desde la foto del pasaporte el chino no se creía que fuera él, así que le pregunto por su nombre un par de veces. Por suerte, Alberto se lo sabía y nos dejaron pasar. Un buen consejo para la vida, no te olvides de cómo te llamas.


Después del segundo vuelo llegamos a Daegu. Feo, la verdad. Rellenamos una cosa para los de inmigración mintiendo más que en la Catequesis y otra para los de Sanidad comentando que estamos como robles, sanos y fuertes. Mintiendo como bellacos, vamos. Aún así nos pasaron por una cámara de infrarrojos que se te ve el cuerpo por colores y así detectan si entras con fiebre, que aquí listos son un rato. Tras coger la maleta había unos voluntarios del Mundial que nos acercaron al Estadio de Daegu (que es grande y con gradas, como todos los estadios) para acreditarnos. La acreditación es un papel en el que le cuentas al resto del mundo lo que eres, de dónde y a qué te dedicas. Además lleva tu foto, así que debe simplificar mucho el camino en los bares a la hora de entablar conversación. Siempre que te sepas las banderas, claro. También nos han dado una mochila con libros y cosas del Mundial de Atletismo. Y después nos trajeron al Motel en un coche coreano. (Papá: no le dejes a mamá leer el siguiente párrafo, que no le va a gustar).


El Motel en el que nos encontramos está en la zona de los moteles de Daegu. Vimos una serie de neones al llegar en los que ponía "business club" y lo de business no lo entendíamos pero un club es lo mismo en casi todos los países del mundo. Al cruzar la recepción vimos unas fotos de todas las habitaciones y una máquina en la que eliges la que quieres (todas con cama grande). Nosotros dejamos que eligieran por nosotros y nos han dado una doble en la que dormimos Alberto y yo y una invididual en la que duerme David. La verdad, hay que quitarse las preconcepciones de la cabeza, porque el sitio está genial. Tiene ordenador, pantalla de plasma, dos camas que no las abarcas ni estirándote, artículos de perfumería, cajas de pañuelos de papel al lado de la cama, del sofá, de la tele, del ordenador, baño con bañera y ducha, un vestidor, más pañuelos de papel, una máquina de preservativos, más pañuelos de papel, una máquina de agua, pañuelos de papel… vamos, que si nos resfriamos no vamos a gastar ni un duro en kleenex. Eso sí, no tiene ni sábanas ni armarios, qué raro diseñan los coreanos. Aún así nos pegamos una siesta de 5 horas (antes fuimos a comer a un sitio en el que pedimos fideos y nos trajeron lo que quisieron, pero bien) previo a salir por el centro.


Hemos cenado por la zona del motel. Buen pescado crudo. Atún. Nosotros pedimos sashimi y ellos nos trajeron lo que quisieron, también es verdad, pero comimos muy bien. Era un japonés. Nos metieron en un salón de esos en los que tienes que descalzarte y nos cerraron la puerta (creo que para que el resto de gente del restaurante no viera lo mal que comemos con palillos). Tras eso, un paseíllo hasta un río que cae por aquí cerca con un carril bici cercano para correr y una vuelta por el centro de Daegu, que son cuatro calles muy feas, muy feas, y estrechas, y llenas de sitios raros con carteles en coreano. Los bares de Daegu se reconocen porque te ponen dos altavoces en la calle con una música cañera en la puerta y cuando entras están vacíos. Aquí porque no hay botellón, que si no estos no se comían ni un colín, que se está mejor en la calle que en los bares. Normalmente, están en una primera planta o en el sótano, así que uno de los tres se aventura a mirar y dice a la vuelta "chavales, vacío". Y así sucesivamente. Luego están los karaokes. A diferencia de los europeos, aquí hay cabinas para que, ya que haces el ridículo, solo te vean tus colegas. Yo ya estuve en su día en uno de estos karaokes coreanos en Nueva York, pero esa es otra historia.


(Papá, dile a mamá que siga leyendo). Nos tomamos un helado en un parque cercano y volvimos en taxi al hotel. Aquí los taxistas van súper equipados: GPS, callejero, guía del ocio y Televisión portátil. El nuestro estaba viendo el culebrón cuando llegamos, pero el tipo nos llevó genial a nuestro destino, con un ojo en el volante y otro en las aventuras y desventuras de una chica coreana que lloraba y corría por la playa. Eso sí, son gente responsable que saben que el móvil distrae un montón, así que solo llamó cuando estábamos con el semáforo en rojo. Pagamos, le recomendamos que viera "Mad Men" y nos vinimos a dormir, que mañana hay que madrugar.


Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel


PD - Dile a Mamá que estoy durmiendo sin taparme demasiado.


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2 comentarios:

  1. Hola hijo. Soy papá. Ya hemos vuelto de las vacaciones en el pueblo, perdona que no haya podido responderte antes pero olvidé llevarme el WiFi. Me alegra que, aunque aquello sea muy feo, todo os esté yendo bien. No trabajes mucho que sabes que hay mucha gente a la que le falta justo eso y no vas a ser tú quien le quite el pan a los demás.

    No he dejado que tu madre lea hoy tus primeras noticias... sabes cómo es y sigue convencida de que donde estás es en las instalaciones de Dagu http://www.dagu.es/es/index.html ... informando sobre la comercialización de huevos en España... que ya ves tú qué tendrá que ver eso con el atletismo (aparte de lo que dice el vecino cada vez que te veía salir a correr en verano… “hay que tener huevos para salir a correr a las 15:15!!!… si esa hora seguro que se inventó solo para estar en el sofá o en la cama”)... pero tu madre es así, ya lo sabes.
    Esta noche le explicaré que tampoco fuiste en bici, como ella cree, sino en avión, y no en uno sino en dos, y que estás a muchos kilómetros y muchas horas de diferencia... muchos más que de aquí al pueblo. Como a ella le aterran los aviones, no entiende que a algunos nos guste estar ahí arriba mientras otros se quedan abajo... y volar. No creo que le emocione descubrir la verdad y saber que estás tan lejos pero le recordaré que te educamos para ser un hombre serio, trabajador y de provecho y si eso tiene que ser viajando a miles de kilómetros y durmiendo en un "bisnes club" de esos, que así sea, que aunque tu tío Bartolo, el que se fue una vez a Nueva York y no volvió, decía que tú eres más juntaletras que hombre bisnes, nosotros sabemos que no es cierto y te apoyamos mucho.

    Me despido ya. Hoy ha venido el tío Genaro con su chorizo, y tu madre ha hecho croquetas para comer. Mañana te escribirá mamá.

    Un beso de tu padre que te echa de menos,

    Papi.

    PD – Tu madre me ha pedido que te diga que hagas muchas fotos a las gallinas de Dagu para enseñárselas a la tita Hortensia cuando vayamos al pueblo... quiere modernizar su corral y dice que podrá darle ideas gracias a tu viaje. A cambio, promete que cuando vuelvas, te dará un tupper repleto de croquetas.

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  2. Padre, soy Maikel. El WiFi, perdona que te diga, no se lleva, se encuentra en los sitios. Lo que te has dejado en casa es el portátil. No te preocupes que, de trabajar, lo justito.

    Dagu son las pollerías esas de Guadalajara, así que normal que madre se equivoque, pero no pasa nada. Lo cierto es que a ver si ella se anima a coger un avión (bueno, el cinturón del asiento) y volar un poco, que le irá bien.

    Espero que el chorizo del tío Genaro no haya repetido. Un beso de vuestro hijo que os echa de menos,
    Maikel

    PD - Aquí gallinas no, pero más P***as que las gallinas, en nuestro hotel, alguna hay (lo que tienen los clubes estos raros). Las croquetas me gustan más de pollo, ya sabéis.

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