miércoles, 31 de agosto de 2011




Queridos padres,

ayer se nos dio regular, gracias a Dios. Yo no dormí demasiado bien por lo de David, así que me quedé hasta eso de las 11 de la mañana en la cama. Me despertó, dios mediante, la señora de la limpieza, que entró a ritmo de competición en la habitación, levantó la persiana, cogió la toalla del suelo y, en cuanto me incorporé de la cama, se percató de mi presencia y salió diciendo algo raro en coreano. Tranquilos, sigo durmiendo en calzoncillos, que todavía recuerdo esos sabios consejos de no quedarse con el culo al aire del tío Joaquín.

Tras el desayuno de rigor y ver un poquito de la jornada de mañana nos fuimos a lo que mejor se nos da a los periodistas: el trinque. Primero, hospitality de Asics, donde conocimos al capo europeo, que nos regaló unas viandas y nos invitó a un café. Después, al de Nike (no se puede decir muy alto, que los periodistas no podemos entrar ahí, pero tengo un contacto), donde, además de ver de cerca a megaatletas, se come de puta madre. Y gratis. Así que volveremos allí día sí, día también.

Después, al estadio. Plaza tiene sueño, así que se va al hotel, está pendiente de la llamada para saber cuándo vuela. Subimos a un autobús y nos toca al lado José Luis López, de la SER, vaya crack, nos da una explicación de narices sobre la final de 110m vallas (donde se pegaron el negro y el chino, os acordais?) y al minuto le llaman de la radio. Sí, de la SER, donde Gabilondo. Y entra en directo desde un autobús, y se pone a hablar en el matinal, cómo mola, de Tuvalu (no el país, sino el atleta que se ha hecho famoso por correr los 100m en casi el doble de tiempo que Bolt, que es el tipo más rápido). Me llaman de Madrid. Tienen una opción de vuelo para Plaza. Me acerco al conductor y le pido que me abra con señas. Dice que pasa. No jodas, le digo que es una emergencia y abre. Subimos a un taxi para el hotel. Volvemos a hablar con Madrid y vemos que la opción no es factible, así que optamos por no despertar a Plaza y, ala, de vuelta al estadio.

La jornada transcurre sin incidencias pero con emotividad. Un lanzador de disco por allí, una de pértiga por allá, españoles, etc... nos hacemos fotos en la grada, serán las últimas del grupo completo, y hacemos una especie de última cena. Alberto quiere helado, Plaza y yo, sandwich y cerveza. Cada uno va a por lo suyo y, cuando volvemos al centro de operaciones (la heladería), Alberto ha cometido un crimen de 650g de Baskin Robbins. "Pero muy rico", comenta.

Un paseo final y al hotel. No ha sido el mejor día de todos, ni el más completo, pero teníamos a David al lado. Será el último que cenemos juntos. La vida es como un karaoke coreano de los de la foto, mucho mejor con amigos.

Un saludo de vuestro hijo que os quiere,
Maikel

PD - Sí, siempre se van los mejores.

martes, 30 de agosto de 2011



Queridos padres,

la verdad, hoy los acontecimientos no hacen que esté pletórico, para qué engañarse, pero se trata de que sepáis cómo me va y de que la vida, irremediablemente, ha de seguir, como decía Julio Iglesias poco después de dejar de ser portero del Real Madrid. Por cierto, guapo, Julio Iglesias, y pelazo, en esa época, yo recuerdo que fuimos un año a verle al Parque de Atracciones y grabé un vídeo con la cámara de papá, esa que se me cayó al suelo un día. Bueno, decíamos que se trata de contar lo que pasó.


En primer lugar, se durmió, y muchísimo. No como si fueran a prohibirlo por decreto de ley, pero casi. A eso de las 7 me levanté a hacer unos recados y, a la vuelta, a eso de las 8, me dio por tumbarme un rato a ver si cogía el sueño. Lo cogí, lo atenacé y no lo solté hasta las doce de la mañana, que Plaza ya tenía miedo de que nos hubiera pasado algo. Él duerme menos y le parece de mala educación que nos recochineemos sobando hasta las mil.


Con el paso cambiado vimos un poco del atletismo en televisión y, después, a comer. Fuimos a un japonés de todo a cien. Barato, sí, y con el grano de arroz muy suelto, lo que al final hace que acabes tomando sopa de soja con arroz. Pero vamos, que nos dimos un mediano homenaje. Allí no servían cerveza, así que fuimos al garito de enfrente, agarramos dos latas (la birra de aquí es de 4,5 grados, muy suavecita) y nos las trajimos al sitio original. Aquí no se ponen nerviosos ni nada de eso, ni te echan, lo ven como normal, de hecho, en el momento en el que entras eres un cliente. Postre, más bien poco, en muchos te sueltan la cuenta nada más servirte, no vaya a ser que te dé por largarte.


Tras el sushi y el maki (madre, pescado crudo con arroz envuelto en algas) ala, de nuevo al hotel. Quince minutos rápidos para acicalarnos y al estadio, que la jornada de hoy promete. Allí nos encontramos con nuestro fotógrafo (padre, para que luego digas), un tipo sensacional que se llama Miguélez y nos pasa cada día un resumen de la jornada en 4 o 5 instantáneas. A base de bien. Departimos (madre, hablamos) con él durante unos 30 minutos y nos subimos para ver las competiciones. Hoy no hay gran cosa, bueno, corre Oscar Pistorius, un tipo al que le amputaron las dos piernas y corre con una especie de resortes la prueba de 400m (una vuelta a la pista lo más rápido posible, como cuando papá me intentaba agarrar con la zapatilla). El pobre ha quedado último, pero la gente le ha aplaudido igual, que aquí los coreanos son mucho de sentimentalismos.


Después ha llegado la polémica de la jornada. No os voy a aburrir, dos corrían juntos saltando vallas (como la de la finca del tío Tomás donde nos colábamos a robar moras) y uno, negro y cubano, le ha dado al otro, chino, en la mano, que se ha trastabillado y no ha podido ganar. Así que racismo, no había. Pero como el cubano era más grande, le han dicho que pida perdón y lo han descalificado, que parece que su armario iba lleno de medallas ya. Ergo (padre, entonces) los cubanos se han enfadado y han hecho básicamente lo mismo que hacen cuando se alegran: beber cerveza y blasfemar.


En el autobús de regreso al hotel a Alberto le ha entrado la premonición de que quería atiborrarse de helado del Baskin Robbins (el de los 31 sabores ese del Paseo Marítimo de Calpe). Pero, hete aquí que cuando hemos ido a llegar eran ya las 23:50, y el Baskin Robbins tiene a bien cerrar sus puertas a las 23:40. Alberto ha blasfemado y se ha comprado, en su lugar, una tarrina de medio kilo de helado de vainilla de Snickers, mientras Plaza y yo nos tomábamos una especie de sandwich en un sitio como francés-coreano, cerca del único Starbucks que hemos visto aquí.


Luego ha llegado una llamada que no queríamos recibir y nos hemos puesto un poco tristes, todo sea dicho. Después he dado vueltas en la cama hasta las 3 y media de la mañana, y he conseguido dormir. He pensado mucho en muchas cosas. Una de ellas, que os quiero mucho y mi único miedo es que un día os pase algo (toma cambio de tono de este blog en una línea), pero no por ello he de estar triste, sino vivir la ida y aprovechados al máximo, así como al resto de la gente a la que quiero y me quieren.


Ah, y se suda un montón en Corea. Sigo sin arroparme pero a la mínima de cambio aparece la almohada empapadita (y eso que me corté el pelo antes de venir). Sea como fuere, se os extraña.


Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel


PD - He leído vuestros comentarios del tirón. Tengo que leerlos tranquilamente para contestados, pero tengo la mandíbula y los dedos desencajados de tanto reírme. Sois geniales ;-)


lunes, 29 de agosto de 2011

Queridos padres,

ayer salí a correr por segunda vez en lo que llevamos de viaje. Primera, si olvidamos los míseros 20 minutos del primer día. Mi objetivo, no os engaño, es llegar a terminar tan sudado como Alberto, que cuando termina parece que acaba de salir de la piscina, imaginaos lo que se le pega la camiseta. Vuestro hijo, pese a que chorrea por la frente, no llega a tanto, y se tuvo que conformar con ver cómo el sudor se apelotonaba en la zona donde la espalda está a punto de perder su santo nombre y, secundariamente, en el cuello y pecho. Nada, ni con los 50 minutos a buen ritmo que hicimos fue suficiente.


Como estábamos cerca, caminamos a ver a la gente de la marcha (no, no son los que vuelven tarde de la fiesta del sábado) que, a fin de cuentas, hacían lo propio (andar) pero a toda leche. Tanto que ganan a muchos atletas populares, ya que hacen 20km en menos de 1hora y 20 minutos. Una burrada. Allí ya no estaba Paquillo Fernández, uno de los dos representantes españoles y que tenía opción de medalla. El resto, sí, dando vueltas muy rápido y recibiendo amonestaciones cada vez que el juez cree que despegan los dos pies del suelo (lógico, a más de uno se le iría la cabeza yendo tan rápido).


Después desayunamos en una panadería francesa (aquí me soplan que se dice boulangerie) en pleno centro de Daegu. De los pocos sitios de esta ciudad que huelen a harina, azúcar y anís en vez de a maíz y sudor. Como somos esa clase de gente, compramos rápido 3 piezas y salimos rápido porque si no estas líneas las estaría escribiendo desde allí. Muy rico se queda corto para definirlo. Tras ello, al hotel (como siempre), donde vimos correr a un chaval que ha venido aquí, Oscar Pistorius, conocido porque es el primer atleta discapacitado (corre con unas prótesis metálicas por piernas) que se ha clasificado para unos Mundiales. Corre en 400m (una vuelta al estadio) y consiguió quedar 2º en su serie, así que hoy lo veremos de nuevo. Es una de las atracciones del martes por la tarde.


Tras ello, a comer. Por primera vez, barbacoa coreana. Concretamente, panceta de cerdo, lo llamen como lo llamen, no hay más que hablar. Sí, que te dejan que te la comas hecha a la piedra, que va con un montón de especies, y todo eso… pero.. SIN PAN! ¿Cómo se puede comer uno panceta sin pan? Y sin vino? Aquí no nos atrevemos con el soju, así que tomamos cerveza, que está más rica. Adivinaréis que tras el festín fuimos a echar la siesta. La hora y cuarto de rigor se quedó en poco, así que le sumamos media hora más, tras la que nos levantamos catatónicos (que viene a ser como cuando me despertabais para ir a misa en las fiestas del pueblo después de llegar de madrugada). Duchita y al estadio. Abajo nos encontraos a Paquillo Fernández (por si no os habéis enterado, lo nombro en el segundo párrafo, esos bloques de texto que separan las frases… de nada :P ) y le preguntamos por su lesión y retirada. Estaba un poco cabreado porque se ha sentido mal y hemos seguido de charla con él. Hasta luego, Paco, y al Estadio, que ya es hora.


Llegamos con el tiempo justo después de coger un taxi porque con la charla se nos ha pirado el tiempo del autobús. Corren varios españoles, pero todos caen eliminados ante los portentos africanos. A final de la noche, el plato fuerte, los 100m, de Usain Bolt, un tío que corre muy rápido en muy poco tiempo y que en dos zancadas se recorre el prado del tío Jeremías (que no es muy grande, pero hay que hacerlo). El tío (Bolt, no Jeremías) tenía tanta prisa por terminar de correr que ha salido antes de que el juez diera el pistoletazo de salida (que viene a ser como el "preparados, listos, ya!" pero aquí que todo está informatizado en vez de hacerse con bocina se hace con una pistola. Se ve que el juez se ha cabreado y le ha dicho que cierre la puerta del Estadio por fuera. Así que nos hemos quedado un poco más tristes. Ha ganado otro de Jamaica (yo creo que le han dejado los otros en consideración) y un blanco, que es francés y corre mucho, casi queda 3º y pilla medalla. Una putada, pero… así es la vida.


Con el mal sabor de boca todavía reciente de los 100m nos hemos subido al autobús y de nuevo al hotel. Hemos estado en un sitio "coreano-fusión", que viene a ser fingers de pollo, calamares y bravas, eso sí, todo rebozado con tempura. Nos hemos puesto finos. Para rematar, un par de helados. Y nos ha entrado un sueño muy muy rico que ha devenido en caer rendidos a las 12 de la noche… será la edad.


Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel

domingo, 28 de agosto de 2011

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Queridos padres:


ayer comenzó la competición. Esto está lleno de gente sudando a chorros. De hecho, se ganan la vida así. Y nos han llamado para que contemos cómo sudan, cuánto tiempo tardan hasta que dejan de sudar y si ha habido alguien que lo haya sudado menos. Comencemos por el principio: ayer llegábamos tarde a la salida del maratón. El maratón es una prueba un poco estúpida, para que te hagas una idea, como ir de Madrid a Aranjuez corriendo en vez de coger el tren de la fresa, con lo ricas que están y lo bonito que está Aranjuez para pasearlo si uno no está sudando a chorros. Pues ayer unas 60 chicas de todos los países tenían que recorrer esa distancia (para llegar al mismo punto de salida, que también es tontería, ya que corres 42 kilómetros, hazlo en línea recta) y ver quién tardaba menos. Lo dicho, nosotros íbamos tarde, así que cogimos un taxi coreano. Este no nos dejó pagar con tarjeta, así que nos regaló el viaje. Majete.


Luego se dio la salida. Al principio la española iba rápido, ahí al principio del pelotón, pero poco a poco se iba quedando atrás y nos dimos cuenta de que algo iba mal. A mitad de carrera ya no iba, nos enteramos de que le había dado un apretón (es verdad, mamá, no me riñas) y se tuvo que parar. Yo lo entiendo, cuando vienen las ganas, da igual que estés compitiendo, párate que los temas de la tripa son importantes. Durante el rato estuvimos viendo un par de tiendas de juguetes, nos encontramos a uno de los maratonianos (chicos) y en general dimos una buena vuelta por Daegu (vamos, que terminamos reventados).


Así que al hotel. Ducha rápida, ver un poco de atletismo en la televisión (un plasma enorme, que no sé ni cómo ha cabido por la puerta) y… ya sabes, a comer. Plaza no quiso venirse, decía que le alimentaba más echarse la siesta. Alberto y yo fuimos a un coreano austero. Tanto que nos tuvimos que sentar en el suelo y quitarnos las zapatillas. Alberto dijo que no le apetecía comer callos (es verdad, no me riñas), así que pedimos una especie de tofu y de revuelto de ajetes, pulpo y champiñones que, sin coñas, es de lo mejorcito que hemos probado últimamente. A la vuelta nos echamos la siesta y para el estadio.


Al estadio se va en un autobús solo para periodistas, que digo yo que será deficitario, porque ahí nadie paga. De hecho a más de uno seguro que le falta la cartera al volver. Allí nos hicimos amigo del entrenador de una atleta holandesa de 800 metros (no de altura, es la distancia en que compite) y que nosotros, como gente bien educada, saludamos aunque no tengamos ni idea de lo que nos están diciendo. Una vez en la grada localizamos nuestra posición. Nos dan un pupitre para nosotros solos con televisión, internet y enchufe. Como en un examen. A la derecha tenemos a dos italianos, de La Mattina, o algo así, creo que es un periódico o una revista. Bueno, lo mejor es que, además, te chivan las preguntas, porque te dan muchos dossiers diciéndote quiénes son los atletas (así es más sencillo contarlo luego a la gente, pero no lo digáis por ahí que se me acaba el chollo). El campeonato empieza con la ceremonia de inauguración, que mínimo la diseñó un valenciano porque mucho fuegos artificiales, mucha charanga y tracas a mogollón. Y de repente, una coreana cantando una versión del "Hijo de la Luna" ese de Mecano que Ana se tuvo que quedar tan avergonzada como su apellido (Tó Roja).


Y después, las carreras. Y venga gente corriendo, dando vueltas a la pista. Vimos una final de 10.000 metros. En vez de salir a dar una vuelta, dan 25, pero al estadio, como los coches en los circuitos. Ganaron 3 negras. KeniAnas, ya sabes, como en el maratón. Y después, los 100m. Los 100 metros viene a ser un "corre que te pillo" y debería estar enseñado en las academias de ladrón. Se trata de, desde agachado, salir a toda leche lo más rápido posible. Aquí parte la pana un negro, que se llama Usain Bolt, que tiene el récord del mundo en salir escopetado. Al español le tocó correr en su misma serie (por otra calle distinta) y se clasificó. También lo hizo un chaval francés blanco, que corre como un negro y se llama Cristophe Lemaitre. Así, con cara de guapete, pero que corre que se las pela.


Luego nos quedamos a ver qué hacían los otros dos españoles en liza. Una, Concha Montaner, tenía que hacer salto de longitud, o sea, lanzarse en plancha a ver lo lejos que llegaba. Pero no sabemos lo lejos que llegó porque los 3 saltos fueron inválidos por deformar una cosa de plastilina que ponen justo después del sitio (que digo yo que la plastilina está para eso, no?). Y el otro es un chaval extremeño, Javier Cienfuegos, que tenía que hacer el lanzamiento de martillo. El martillo no es el de Thor, es una bola unida con una cadena a un palitroque, o sea, que con eso no clavas ni el cuadro de mi Primera Comunión, que mira que tiene el marco ligero, pero bueno, el chaval, pese a estar así rellenito, no consiguió ganar a los otros y no pasará a la siguiente ronda.


Con nuestro gozo y nuestra sombra nos volvimos al hotel. Cenamos lo mismo que comimos (en el mismo sitio, además) y fuimos a tomar una cerveza. Lo único que aquí no nos dejan tomar cerveza en los bares porque somos españoles. La verdad, que no sé por qué, pero mañana te seguiré contando.


Un beso fuerte, fuerte, de vuestro hijo que os quiere


Maikel


PD - Podéis quitar el cuadro de la Primera Comunión de mi habitación. Total, después de la JMJ creo que voy a apostatar….

viernes, 26 de agosto de 2011



Queridos padres,


Esto sigue siendo un poco feo, pero me voy acostumbrando, como al sabor de la sopa de verduras, que mira que cuesta que entre al principio y luego… luego sigue costando, pero ya me entendéis (al fin y al cabo, es el único plato con el que no puedo). Pero no por ello vamos a dejar de hacer cosas. Ayer, sin ir más lejos, estuvimos aprovechando mucho el día (y la cama del hotel). Nos despertamos pronto (es un decir) para ir a correr (comparado con los que se ganan la vida aquí haciendo eso, es otro decir). Por aquí cerca hay un río de nombre difícilmente pronunciable (y escribir ya ni os cuento) que tiene un carril bici al lado muy interesante para hacer deporte (con pistas de baloncesto, cricket, gimnasia, en fin, lo de siempre). Y, como allá donde fueres, haz lo que vieres (menos en el cementerio), nos pusimos piernas a la obra. A los 20 minutos vuestro hijo que os quiere decidió que la humedad era ya más que suficiente para sí y decidió seguir caminando durante los 20 minutos restantes, total, no es plan de fundirse el primer día. Sus compañeros de batallas llegaron envueltos en una capa de sudor que ríete tú del concurso de miss Camiseta mojada que hacíamos en la urbanización de Guardamar en verano. Sí, esa a la que Papá solo fue un año (el que hizo de jurado) y el resto de años tenía que hacer no se qué en casa, que nunca me quedó claro.


Luego volvimos a la habitación a trabajar un poco. Para que nos entendamos, trabajar un poco aquí es meterse en Internet y contar lo que nos está pasando. Sí, como este blog, pero algo más en serio. Yo, que lo traía ya pensado de casa, lo terminé rápido, cual repelente niño Vicente, y después me quedé dormido plácidamente en la conocida "siesta del burro"; esto es, despertarse para comer algo y luego volverse a echar. Algo así hice, pues mis compañeros me recriminaron mi actitud una hora y media después del plácido sueño. "¿Qué haces, tío?" "Meditando". Subimos los respectivos artículos (aquí se llaman entradas) al blog (que es como un diario, pero que te lee mucha gente) y nos fuimos a un sitio de barbacoas. "fresh korean beef with rice" para los tres. Genial. Algo hemos hecho mal, porque nos ponen una ensalada con tiras de carne cruda con arroz. Como nosotros somos educados, nos lo comemos y punto. El restaurante tiene un extractor de humos para la barbacoa, bien majete, y aprovechamos para intentar escuchar psicofonías. A lo máximo que llegamos es a mancharnos de aceite la oreja, pero bueno.


Poco después volvemos a seguir trabajando en la habitación: o sea, dormir otro poco. Al final ese poco se convierte en 2 horas y media. Nos conectamos un poco a internet y nos hacemos los remolones, total, el campeonato empieza mañana, así que si los atletas no curran, vamos a currar los juntaletras, "notejoe". A eso de las nueve de la noche alguien dice de moverse. Le hacemos caso y a eso de las 21:30 estamos enfilando las calles de Daegu en dirección al centro de la ciudad. Como es viernes noche la gente joven está por la calle (alguno que otro ya muestra síntomas de un buen beber) y nos damos cuenta de que el centro de esta ciudad es feo también de narices. Tras varios descartes culinarios (Burger y Kentucky) nos decidimos por un sitio de pasta fusión (como lo que hace Pitingo, pero en vez de atroz, con arroz), que está decorado como un salón de té, con sofás grandes en vez de sillas, que está bien para comer magdalenas pero no sé yo si para un plato de espaguetis. Aquí a los espaguetis les llaman noodle, son un poco más finos y están hechos con arroz a veces. En vez de chorizo le echan otras cosas, los de Alberto de ayer llevaban un poco de pulpo y un mucho de picante. Yo me pedí un pollo rebozado así como de tempura que también estaba rico, y Plaza un Chicken Doria, que es pollo al horno con bechamel, arroz y demás. A veces los coreanos nos miran raro, y eso que nos estamos duchando todos los días, pero, ya sabes, es lo que tiene la occidentalidad. Por cierto, que casi me echan del sitio porque tengo la costumbre de pasearme por el salón viendo qué come la gente para pedir lo mismo (si puede ser con foto), ya que de otro modo es imposible hacerme entender.


Tras la cena decidimos comer un helado. Alberto muestra sus dotes de sabueso y consigue que lleguemos a la puerta de la heladería Gustimo, italiana regentada por coreanos y con los rótulos en inglés. Me pido uno de kiwi, yogur de café y chocolate con leche y tardo menos en comérmelo que en arrepentirme de la decisión. Al lado los chavales y chavalas siguen pasándoselo bien, entrando a los bares y demás. Mientras que el jueves iban bastante emperifollados (con traje y demás) el viernes se ve a los coreanos algo más casual (que quiere decir "de sport", que quiere decir con camiseta y vaqueros), quizá relajados. Por cierto, hablando de emperifollarse, (dile a mamá que no lea), ayer a media tarde en la siesta escuchamos gritos de la habitación de abajo. Pero gritos no en plan "BORJAMARIIIIII ….. que aquí sería KIM PARK LEEEEEEEEEEEE" sino gemidos de alguien que estaba amortizando el negocio por horas a los dueños del hotel que, por cierto, majos, son un rato". También a veces vemos aparecer a una pareja que entra a una habitación, a otra que sale y se termina de abotonar la camisa, en fin, lo que tiene el lugar de excéntrico y pintoresco. Pero no somos los únicos extraños aquí, también están cada vez más guiris, algunos periodistas y algún español que, nada más vernos, nos reconoció. (Dile a mamá que siga)


Hablábamos del helado, mamá. Muy rico, bajo en grasa. Después decidimos volver a casa porque ya era la 1 y no habíamos dormido lo suficiente. Además, toca ver el maratón femenino, que es la primera prueba de los Campeonatos (por cierto, hubo una especie de fiesta de bienvenida con fuegos de artificio y demás, pero esa ya no la vimos). Tendremos que madrugar un poco, así que toca dormir.


Os dejo con un par de fotos (del hotel y de la comida coreana), antes de despedirme, para que veáis que estoy comiendo bien y durmiendo mejor.


Un beso de vuestro hijo que os echa de menos,


Maikel


PD - Mamá, dile a Papá que no se perdía nada con las siguientes fiestas de Camiseta Mojada de Guardamar, que los bollos hicieron mucho daño a nuestra generación.



jueves, 25 de agosto de 2011



Queridos padres:


ya estoy en Daegu (aquí algunos lo escriben Taegu, pero yo creo que es porque se quedaron sin la tecla D en el ordenador y les da un poco de dentera pronunciarlo bien). Daegu es grande, un poco más que el barrio y con edificios grandes con neones y letras en coreano y todo eso. Vamos, como muchas otras ciudades. Rodeado de montañas, pero feo. Muy feo. Sí, ya sé que queda mal decirlo, que me traen aquí gratis, que hay que ser políticamente educado y correcto, como cuando íbamos a comer a casa de los primos y, aunque la sopa supiera a lo que sabía, me la terminaba entera, so pena de repetir (como pasó muchas veces). Pero una cosa es lo políticamente correcto y otra la verdad, y tampoco os voy a engañar. Feo, sí. Tan feo como el hijo de la vecina no, ese que se ponía siempre de portero cuando jugábamos de pequeños al fútbol porque nadie tenía narices a mirar a la portería del susto, pero casi.


El viaje en avión fue largo. Nos dieron de comer por ver si se nos pasaba antes, pero ni con esas. Bueno, comer, comer… yo creo que nos van entrenando para cuando la crisis vaya a peor, porque al tío Genaro el del pueblo le dan un pan con mantequilla, dos hojas de lechuga, nada y menos de pescado con arroz y una minidonia de frutas y se saca el chorizo (no, ese no, el otro) y el lomo y se acaba haciendo un bocata. Como vieron que nos quedamos con cara de circunstancias, después del postre nos dieron un sandwich a cada uno de jamón y queso. Seco, que es lo que tienen los aviones, que te resecan las mucosas y la comida, pero nos lo acabamos comiendo. Yo creo que el piloto se equivocó porque en vez de parar en Daegu nos dejó en Pekín. Yo intenté acercarme para decirle que faltaba una parada, pero me bajaron del avión. También, qué le habría costado acercarnos, si ya lo más duro había pasado, pero ni con esas, como cuando íbamos al pueblo en el autobús de línea y cogíamos el cambio de turno. Por eso tuvimos que esperar a que llegara otro avión. Entre que lo avisaron y llegó se pasaron dos horas, así que nos conectamos a internet, fuimos al baño y bebimos agua de unas fuentes que en vez de vasos de plástico tienen unos capirotes de papel pequeños, que yo no me acuerdo ya del volumen de la pirámide circular pero me da la impresión de que cabe menos agua que en el vaso convencional. Además de que si lo apoyas en la mesa se te derrama, lo mires por donde lo mires. Los capirotes de papel, queramos o no, solo para comprar altramuces en las fiestas del pueblo. Por cierto, que como Alberto (el chaval ese que viene a veces a casa que unas veces está delgado y otras no) ha cambiado mucho desde la foto del pasaporte el chino no se creía que fuera él, así que le pregunto por su nombre un par de veces. Por suerte, Alberto se lo sabía y nos dejaron pasar. Un buen consejo para la vida, no te olvides de cómo te llamas.


Después del segundo vuelo llegamos a Daegu. Feo, la verdad. Rellenamos una cosa para los de inmigración mintiendo más que en la Catequesis y otra para los de Sanidad comentando que estamos como robles, sanos y fuertes. Mintiendo como bellacos, vamos. Aún así nos pasaron por una cámara de infrarrojos que se te ve el cuerpo por colores y así detectan si entras con fiebre, que aquí listos son un rato. Tras coger la maleta había unos voluntarios del Mundial que nos acercaron al Estadio de Daegu (que es grande y con gradas, como todos los estadios) para acreditarnos. La acreditación es un papel en el que le cuentas al resto del mundo lo que eres, de dónde y a qué te dedicas. Además lleva tu foto, así que debe simplificar mucho el camino en los bares a la hora de entablar conversación. Siempre que te sepas las banderas, claro. También nos han dado una mochila con libros y cosas del Mundial de Atletismo. Y después nos trajeron al Motel en un coche coreano. (Papá: no le dejes a mamá leer el siguiente párrafo, que no le va a gustar).


El Motel en el que nos encontramos está en la zona de los moteles de Daegu. Vimos una serie de neones al llegar en los que ponía "business club" y lo de business no lo entendíamos pero un club es lo mismo en casi todos los países del mundo. Al cruzar la recepción vimos unas fotos de todas las habitaciones y una máquina en la que eliges la que quieres (todas con cama grande). Nosotros dejamos que eligieran por nosotros y nos han dado una doble en la que dormimos Alberto y yo y una invididual en la que duerme David. La verdad, hay que quitarse las preconcepciones de la cabeza, porque el sitio está genial. Tiene ordenador, pantalla de plasma, dos camas que no las abarcas ni estirándote, artículos de perfumería, cajas de pañuelos de papel al lado de la cama, del sofá, de la tele, del ordenador, baño con bañera y ducha, un vestidor, más pañuelos de papel, una máquina de preservativos, más pañuelos de papel, una máquina de agua, pañuelos de papel… vamos, que si nos resfriamos no vamos a gastar ni un duro en kleenex. Eso sí, no tiene ni sábanas ni armarios, qué raro diseñan los coreanos. Aún así nos pegamos una siesta de 5 horas (antes fuimos a comer a un sitio en el que pedimos fideos y nos trajeron lo que quisieron, pero bien) previo a salir por el centro.


Hemos cenado por la zona del motel. Buen pescado crudo. Atún. Nosotros pedimos sashimi y ellos nos trajeron lo que quisieron, también es verdad, pero comimos muy bien. Era un japonés. Nos metieron en un salón de esos en los que tienes que descalzarte y nos cerraron la puerta (creo que para que el resto de gente del restaurante no viera lo mal que comemos con palillos). Tras eso, un paseíllo hasta un río que cae por aquí cerca con un carril bici cercano para correr y una vuelta por el centro de Daegu, que son cuatro calles muy feas, muy feas, y estrechas, y llenas de sitios raros con carteles en coreano. Los bares de Daegu se reconocen porque te ponen dos altavoces en la calle con una música cañera en la puerta y cuando entras están vacíos. Aquí porque no hay botellón, que si no estos no se comían ni un colín, que se está mejor en la calle que en los bares. Normalmente, están en una primera planta o en el sótano, así que uno de los tres se aventura a mirar y dice a la vuelta "chavales, vacío". Y así sucesivamente. Luego están los karaokes. A diferencia de los europeos, aquí hay cabinas para que, ya que haces el ridículo, solo te vean tus colegas. Yo ya estuve en su día en uno de estos karaokes coreanos en Nueva York, pero esa es otra historia.


(Papá, dile a mamá que siga leyendo). Nos tomamos un helado en un parque cercano y volvimos en taxi al hotel. Aquí los taxistas van súper equipados: GPS, callejero, guía del ocio y Televisión portátil. El nuestro estaba viendo el culebrón cuando llegamos, pero el tipo nos llevó genial a nuestro destino, con un ojo en el volante y otro en las aventuras y desventuras de una chica coreana que lloraba y corría por la playa. Eso sí, son gente responsable que saben que el móvil distrae un montón, así que solo llamó cuando estábamos con el semáforo en rojo. Pagamos, le recomendamos que viera "Mad Men" y nos vinimos a dormir, que mañana hay que madrugar.


Un beso de vuestro hijo que os quiere,

Maikel


PD - Dile a Mamá que estoy durmiendo sin taparme demasiado.


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